The Amazing Digital Circus [Crítica]
Nunca sabes si estás hablando con un chaval de 12 años por internet.
Bonita manera de empezar, pero es que nunca sabes si estás hablando con un chaval de 12 años por internet. La aldea global tiene sus ventajas, pero en el proceso de homogeneizar la cultura nos hemos olvidado de la infancia, que no todas las obras están hechas para adultos amargados como yo. Recuerdo, durante el boom de My Little Pony: La Magia de la Amistad, que vi un panel de alguna Bronycon o feria del estilo donde las invitadas, antes de empezar, decían algo sobre las líneas de ‘oye, hay niñas entre el público, dejad que se sienten delante para que puedan ver bien’. Me chocó, porque sabía que My Little Pony era una serie para niñas, pero no esperaba verlas en el fandom, menos aún ahí, en una feria donde, junto a fanart de la serie, puedes encontrar referencias a SHED.MOV.
Por otra parte, al entrar en SHED.MOV para pegar el enlace he visto que la mitad de los comentarios hablan sobre cómo lo vieron con como diez años. No sé por qué me extraño, con su edad estaba viendo Happy Tree Friends.
En fin, que no todo va de adultos, y al principio, cuando vi el piloto de The Amazing Digital Circus, no lo entendía. Había salido hacía apenas una semana y ya tenía decenas de millones de visitas. Quién es esta gente, qué canal es Glitch para que tantas personas les conozcan. No lo sé. Vi el segundo capítulo guiado por la inercia de quien quiere estar en un gran evento. Quería entenderlo. Como mínimo esperaba conectar con la serie conforme avanzaba.
No lo hice. Pero al menos entendí el porqué de su éxito.
Estaba rodeado de niños.
The Amazing Digital Circus bebe de las Backrooms, el lore de FNAF, Poppy Playtime y la nueva ola de terror infantil nacido del videojuego. La serie en sí, lo que es dar miedo, no lo da, pero el sabor está ahí, en sus colores, en el horror que subyace a la alegría impostada del circo, en el hecho de que la historia arranca con un misterio y la promesa de códigos, mensajes, pistas. Quizá al fin descubramos qué ocurrió con el mordisco del 87.
Aunque Zooble diga, ya avanzada la serie, que quiere tener sexo, The Amazing Digital Circus es una serie infantil. Juvenil quizá, para chavales de doce para arriba. Por ahí. No hay sangre, no se tocan temas serios o del mundo real, los capítulos son ligeros, la narración es simple, los insultos están diegéticamente censurados. Por eso mi mentalidad a la hora de ver la serie ha virado de un deseo de conectar con ella a una curiosidad periodística. Cuando le dije a mi mujer que iba a verla al cine ella me dijo que no la había visto y le respondí que tampoco se perdía tanto. Empezamos el piloto y, con razón, no le encajó y lo dejamos a medias.
Digo todo esto para que entendamos dónde está la vara de medir. Creo que era el único adulto en la sala que había ido ahí por voluntad propia.
Por eso, por si tenéis curiosidad, os haré un resumen rápido: el susodicho increíble circo digital es un metaverso que atrapa a la gente. Pomni, la protagonista, llega al circo tras ponerse unas gafas virtuales y ni ella ni el resto saben cómo han acabado ahí o cómo se sale. El reparto es presa de Caine, una inteligencia artificial (aparentemente) benévola que actúa como maestro de ceremonias y dios a efectos prácticos: lo que él dice va a misa, y él quiere entretener a sus invitados con alocadas aventuras.
Nadie quiere estar ahí.
El conflicto central de The Amazing Digital Circus es que los humanos quieren salir de ahí y, mientras tanto, Caine hace oídos sordos y les obliga a divertirse en contra de su voluntad. Por lo visto No tengo boca y quiero gritar, el mitiquísimo relato de ciencia ficción sobre una inteligencia artificial que, tras aniquilar a la Humanidad, se entretiene torturando a las pocas personas que han sobrevivido su genocidio, es la principal inspiración de esta obra, y que Caine es un AM a la inversa porque su deseo es hacer felices a los humanos y ganarse su aprobación. Como suele ser el caso en estas series, cada capítulo se centra en desarrollar un concepto o a un personaje principal, como Zooble, una persona no binaria con cero unidades de chill que expresa su identidad a través de un cuerpo cuyas piezas son de quita y pon, o Jax, el listillo, el que va de chulo pero está roto por dentro, el que sabe más de lo que dice, el pavo al que todo el mundo shippea con Pomni. Son personajes arquetípicos que hemos visto un millón de veces, pero hay unas cuantas Twilight Sparkle por ahí y eso no hizo que las Mane Six de La Magia de la Amistad gustasen menos. A veces es bueno que un personaje sea típico, y yo mismo tiro de arquetipos cuando escribo. Creo que The Amazing Digital Circus tiene un buen reparto, lo suficientemente distintivos tanto en forma como en fondo como para que cada cual tenga su favorito, que quieras dibujarlos, que los añadas a tu catálogo cuando piensas tus primeras historias. Entiendo el atractivo de esta serie. Cada capítulo tiene su pequeño momento de seriedad dramática, algún gesto hacia la trama principal; el reparto es colorido y estrambótico, es gracioso ver a Caine, la serie se preocupa por hacer el tonto para que no dejes de prestar atención. Todo bien.
La película.
La película de The Amazing Digital Circus no es tal cosa. En realidad son el octavo y noveno episodios juntos y en la pantalla grande, y esto es, en sí, revelador: la serie ha crecido más, mucho más allá de lo que nadie, ni siquiera su creadora, Gooseworx, llegara a soñar. La idea era hacer una miniserie de nueve capítulos, pero entonces el piloto se hizo viral, y digo viral de verdad, de cientos de millones de visitas. De pronto Gooseworx era la madre de la serie del momento y Glitch era la nueva productora de moda. Respeto que hayan sabido golpear el metal mientras aún estaba caliente, como quien diría, con Knights of Guinevere y la reciente Gameoverse. Hay quienes les ven como los campeones de la animación, listos para luchar contra Disney y su imperio de obras derivativas.
Puede. Quizá. Me da igual.
Pero The Amazing Digital Circus, decía, ha reventado y crecido más de lo que nadie pudiera imaginar, y con la fama viene la relevancia, y con la relevancia vienen las expectativas. Gooseworx ahora Representa Un Movimiento, es una Autora Importante al frente de un Gran Proyecto, debe tener Buenas Opiniones y hablar con su oh tan amada audiencia, que la han llevado a ella y su creación al estrellato. No puede permitirse fallar porque, si falla, entonces quizá todo esto no ha servido para nada. Es como Hazbin Hotel, también emergida de YouTube y, con ello, ahora otro rostro de esta nueva, pujante, atrevida, juvenil, adjetivada animación que lucha contra el paradigma. Sus cagadas pesan más y sus éxitos se dan por sentado, porque es la Gran Cosa y, por tanto, no puede fallar. Claro que no, lo esperábamos. Lo sabíamos.
La gente espera demasiado de una serie cuyo público objetivo aún no tiene pelos en los huevos, y sí, ahí está Bluey, pero si se habla tan fenomenalmente bien de esa serie es porque es, y lo digo en el sentido literal de la palabra, excepcional. No hay nada como Bluey. Pero he visto a la gente hablar sobre cómo The Amazing Digital Circus perdona los abusos de Jax o cómo va de él y eso es terrible, y heme aquí que pienso en Avatar: La Leyenda de Aang y la posterior Leyenda de Korra y tampoco voy a perder los papeles porque su mensaje final sea ‘tú sé un tibio, luchar por una causa es de terroristas’. Que sí, que es un error y, si llegara a analizarla, lo comentaría, pero también es una serie para chavales de doce años. No tiene que tener todas las respuestas. Precisamente ese es mi problema con Hazbin Hotel: que, como va de adulta y atrevida, cuando luego resulta ser una obra tibia cae desde más alto. The Amazing Digital Circus no viene con esas intenciones y, por eso, no voy a criticarla desde esa perspectiva. Me da igual todo el asunto con Jax. A ver, me habría gustado más si lo hubieran llevado bien, pero no es un deal breaker. Mi problema con The Amazing Digital Circus es que no parece planteada para ser una miniserie de nueve capítulos.
Como decía, cada episodio es una aventura y cada aventura es una oportunidad para conocer a un personaje o aprender cómo funciona el metaverso. El problema comienza con que la serie dedica muchísimo más tiempo a Pomni, Jax y Caine que al resto. Los abusos de Jax a Gangle y Ragatha no derivan en reflexiones sobre quiénes son ellas, no tienen conflictos internos duradero como sí tiene él. Y lo entiendo, porque así es como funciona: empiezas presentando al reparto, les dedicas su episodio, y desde ahí construyes. Funcionó con My Little Pony, puede funcionar aquí.
Pero claro, las temporadas de My Little Pony duran veintiséis episodios, no nueve.
Por eso, cuando The Amazing Digital Circus se revela como una historia sobre conductas abusivas no intencionales, cómo nos convertimos en monstruos sin darnos cuenta, parece que está haciendo los deberes a toda prisa porque toca entregar el trabajo mañana. Gangle recibe algo de atención en el episodio 4, porque para algo es Su Episodio, pero entonces vuelve a su papel de víctima; Ragatha ocupa un permanente papel secundario como la alfombrilla del resto, dejándose pisar y sobrescribir y en un perpetuo esfuerzo por desescalar cada conflicto sin que nunca logre nada. Kinger recibe atención, sí, pero porque es crucial para la trama.
Creo que The Amazing Digital Circus habría hecho bien en plantear su historia de otra manera y no acudir a la clásica estructura de presentación y luego desarrollo, sino presentar y desarrollar a la vez o, más bien, presentar y añadir al personaje presentado al reparto en vez de rotar al casting como si fueran balas en el tambor de un revólver. Tenerlos a todos en cuenta desde el principio habría permitido contar una historia más plena, habría permitido que la historia, sus misterios y conflictos fluyeran sin que sintiera que estamos perdiendo el tiempo imitando Mad Max: Furia en la Carretera. Está claro que Gooseworx quería hacer algo grande, y cuanto más avanza la serie, más cómoda se la ve con escenas más lentas, abstractas (je). El episodio final tiene momentos que lo convierten en la versión infantil de Evangelion. Quizá es cosa de la naturaleza de la propia obra, que construir teniendo en cuenta tu fandom, crear poniendo los raíles frente al tren mientras este se mueve y millones de personas especulan hacia dónde podría ir, es un acto caótico que no permite pensar con claridad. Quizá querían hacerlo así desde el principio pero les pareció demasiado arriesgado. Quizá.
También es una serie para niños pequeños.
Creo que una buena obra infantil no sólo debe proponer, sino inspirar. En mi caso, la animación de la película de Digimon me hizo soñar con hacer algo así un día. Antes de que el mundo nos diga que debemos pensar en nuestro futuro, es decir, que debemos tener un trabajo productivo y con garantías económicas, dibujamos. Veo The Amazing Digital Circus y creo que su audiencia lo dibujará. Es raro. Hacia el final es rarísimo, pero en el mejor de los sentidos: raro de una manera creativa. Cuando terminó una de esas escenas estilo Evangelion oí a una niña decir a su amiga “esto está loquísimo”. Quiero pensar que, aquella tarde, esa niña volvió a su casa y dibujó. Porque sí, quizá la serie no toca todos los palos y quizá Jax recibe más atención de la debida y quizá el desarrollo de la historia está desequilibrado y quizá tantas cosas. Pero es que mira qué panda de bichos raros han puesto en pantalla. Y al público le encanta. Por eso no le doy tanta importancia, porque aunque The Amazing Digital Circus tarde en ponerse serio, sé a ciencia cierta, al cien por cien y sin exagerar, que a muchísima gente le va a cambiar la vida. Es la clase de historia que prende una mecha. Y, en la era de lo derivativo, de la inteligencia artificial generativa, qué queréis que os diga, prefiero tarde que nunca, prefiero una serie tan lanzada que cause una reacción en su audiencia. Hora de Aventuras revolucionó la animación hace dieciséis años y nunca es tarde para otra revolución.
Comments (11)
vi la serie comlpeta en youtube una mañana por recomendacion de mi hermano y me gusto. mas que infantil la catalogaria juvenil, me parece una manera agradable para introducrise al terror. Considero es una version mas juveniel de "no tengo boca y debo gritar" Me gusto mucho la parte de la critica donde mencionas que una obra mas que contar debe inspirar, me recurda la historia detras de la pelicula "obsecion" donde el director salido de youtube cuenta que se inspiro en un episodio de los simpson que, a su vez, toma su referencia en el cuneto "la pata de mono" me gusto el circo digital, sin duda la recoemdaria
Me encantó, te juro que ultimamente estoy algo tristón por el hecho de trabajar en algo relacionado al IT y ver como todo es IA IA IA, numerito hacia arriba y stonks. Que en haya un pistoletazo para los mas jovenes respecto a crear, me calienta en corazón. Gracias Dayo
Cierto
lol, en mi sala eramos el 70% de adultos entre 20 a 30 años, el otro 30% si eran niños o jovenes con sus padres DX bueno igual era la funcion nocturna, supongo que las funciones de la tarde si estarian llenos de niños
Está visto que he tenido una experiencia muy distinta al resto con TADC...
Es la tercera vez que publico esto sin querer y tengo que borrarlo. Qué pelea llevo con Patreon. Es curioso, porque mi experiencia ha sido completamente la contraria. Cuando fui al cine, apenas había cuatro niños en toda la sala, y el grupo con el que más he visto que ha resonado la serie ha sido con millenials jóvenes y los gen z más mayores. Spoilers! La serie desprende vibras de crisis de los 30. Mis amigos dibujan paralelismos entre sus vidas y los personajes encerrados en el mundo digital. Pensar que "iban a lograr cosas en su vida", sintiéndose frustrados y atrapados en un ciclo interminable, y al final tratando de aceptar como buenamente pueden su situación, buscándole sentido en sus relaciones sociales e intentando sacarle provecho al tiempo que tienen hasta que ocurra el inevitable apagón. Y estos los que han seguido adelante. La historia de Jax no es The View From Halfway Down, pero se hace muy cuesta arriba si conoces a alguien que se ha "abstraído". Todas las series infantiles que recuerdo son, al final, optimistas de cara al futuro. Esta serie desprende una conformidad que recuerda a alguien que ya está un poco cansado. También creo que depende de con qué puedas conectar. El capitulo de Gangle tiene un asfixiante 9-17 que no te valora hagas lo que hagas y con el que es imposible avanzar, pero que tratas de domar para sentir que tienes control sobre *cualquier cosa* de tu vida. Y lo siento en mis carnes. Y de la necesidad obsesiva de contentar de Ragatha ya no te cuento.... La serie ha triunfado particularmente entre conocidos que se han sentido muy identificados con la disforia de Zooble o inseguridad de género de Jax. Se me escapaba mucho de ese subtexto por términos que no conocía, como "huevo" para referirse a alguien en proceso de transición. Sí que me habría gustado un par de capítulos más para acabar de afinar el resto de personajes. Por ejemplo, las acciones de Ragatha durante el capítulo de las pistolas se recontextualizan bastante después de ver el final, pero al final se queda un poco colgada. En todo caso, decir "ha triunfado entre el público general porque ha triunfado entre los niños" me parece un poco reduccionista. Me suscribo a la opinión general de Door Monster. ¡Pero eh! Se valora la perspectiva. De acuerdo en estar en desacuerdo.
¡Es una perspectiva interesante! SPOILER Personalmente, no tildaría TADC de conformista porque al final dice que el mundo es lo que hacemos de él. El circo es una prisión hasta que se convierte en un campo de juegos. Eso no deshace el dolor ni devuelve a la gente que se ha ido, pero creo que da esperanza y dice que no tenemos que aceptar las cosas como son, que nuestros errores no tienen por qué definirnos. Sí es posible que me haya dejado llevar por la perspectiva infantil en este texto; irónicamente he abierto hablando de MLP: FiM y no he pensado que el fenómeno se pudiera repetir. En cualquier caso, me alegra ver que hay gente que ha encontrado solaz en estos personajes.
Me gustaría leer esa crítica de las series animadas de Avatar
Algún día votaréis que analice la serie
No esperaba una crítica de la serie de tu parte y estoy agradecido por ella, porque es verdad: La serie se sabe tambien simple y sencilla, nada elaborado en sus primeros pasos. Pero esos pequeños momentos de claridad como los que tiene Kinger o lo frágiles que se sienten Ragatha y Caine y se dejan ver vulnerables son lo que aprecio de la serie, que nos permiten ver que si podemos aceptar aquello que nos flajela cuando el mundo pretende que "Ya nada importa" Si importa. Tu, yo, lo que sentimos.
Gracias por la crítica Dayo
