Pokémon no puede volver a ser un JRPG
Hay mucho que he olvidado de mis días como estudiante de periodismo, pero hay un principio que jamás olvidaré: no hay nada más viejo que la noticia de ayer. Ayer, o dicho de otro modo, el 22 de agosto del año de nuestro señor 2026, a las puertas de los mundiales de Pokémon, se reveló una noticia devastadora: la franquicia iba a alejarse de sus raíces de juego por turnos. Me enteré como tantas otras personas: a través de YouTube. No, más bien, a través de titulares de YouTube y miniaturas donde se leía bien grande, ahí, en letras Impact rojas: “EL FIN”, “Pokémon va a MORIR”, y etcétera.
Pues que muera.
Llevo ya unos cuantos años pensando que en Game Freak están hasta las pelotas de Pokémon. No es que lo odien, sino que son deberes que toca hacer, una nueva entrega cada año porque hay que sacar nuevos juguetes y toda la pesca. Los juegos venden una barbaridad, pero lo que realmente mueve pasta son los peluches, el merchandising que el nuevo estreno du jour habilita. Beast of Reincarnation es la enésima confirmación de que esta gente quiere que les dejen en paz y su relación con Pikachu es cordial, pero no cercana. Se nos llena la boca hablando sobre cómo los desarrolladores deberían enfrentarse a los proyectos que les hace ilusión, que deberían volar libres, que si muerte a las franquicias y todo eso, pero ahora que Pokémon no va a morir sino que va a dejar de ser un juego por turnos entonces oh no, la hecatombe, el apocalipsis.
Lo entiendo. De verdad que lo entiendo, sobre todo porque compré Pokémon Leyendas Z-A y apenas he jugado cuatro horas. Yo, que me autodenomino fan de Pokémon desde que la franquicia llegó a España, no soy capaz de ilusionarme por esta obra, la que intenta algo distinto, la que retoma la fórmula del tiempo real de Leyendas Arceus que tanto me ilusionó. Pero es que Leyendas Z-A es un juego mediocre y como juego de acción se sostiene muy a duras penas: es pasar de un ataque al siguiente y aporrear botones mientras ves cómo se recargan tus opciones. Sólo he conseguido hacerlo medianamente interesante planteándomelo como un Nuzlocke, evitando las pociones y liberando a mis pokémon cuando caen. Pero, aun con esas, no, que no puedo, no me interesa. Ni siquiera Beast of Reincarnation parece haber sido el gran triunfo que mucha gente, yo entre aquella audiencia, esperaba cuando vio que Game Freak era capaz de hacer gráficos AAA y por ello, y sólo por ello, un videojuego en serio. No me malinterpretéis, parece un juego decente, de esos que merecen la pena cuando están a veinte euros, pero lo que más me interesa de Beast of Reincarnation es cómo me ha hecho ver Game Freak como un estudio de desarrollo, como gente con un estilo, preferencias e inquietudes.
Que a ver, hablamos de gente y no robots, y Game Freak ha tenido sus momentos de excelencia. Aun con sus defectos, Pokémon Rojo y Azul son dos joyas del JRPG que te enseñan cómo funcionan paso a paso de maravilla, y ahí está mi vídeo sobre lo que podrían haber sido Escarlata y Púrpura. Pero al ver los análisis de Beast of Reincarnation y ver a la gente relacionar el título con otras entregas de Pokémon, con su repetitividad, su manera de orientarte hacia jefes finales igual que los otros juegos te llevan de gimnasio en gimnasio, me encontré con esa idea insólita: este era el estilo Game Freak. Sentí que había ignorado una parte de Escarlata y Púrpura y de tantos otros títulos de Pokémon y que, durante años, había caído en el mismo error que cuando analizas el nuevo Call of Duty: que lo valoras como la nueva entrega dentro de una franquicia, y no como un videojuego en sí.
Así que, de nuevo, yo digo que adelante, dejemos que Game Freak explore las posibilidades que entraña Pokémon cuando miras allende las fronteras del JRPG. Leyendas Z-A sería mediocre, pero tenía ideas, y con un poco de suerte algún día quizá tengamos ese juego con Active Dimension Battle al estilo Final Fantasy XII con el que llevo años soñando. Dejemos que cada nuevo juego de Pokémon sea una exploración del estudio, de sus inquietudes, de nuevas ideas que quieran probar. Algo que he descubierto con el tiempo es que Final Fantasy no tiene un estilo sino que es un nombre: si hay chocobos, si hay moguris diciendo kupó, ‘Piro’ y ‘Cura++’, entonces es Final Fantasy. Que Pokémon aspire a algo así, a ser una idea ambigua y reformulable, maleable sin que dejemos de verlo como tal, es una victoria.
Pero también es que Pokémon no puede seguir siendo un JRPG. No, al menos, de la misma manera que hasta ahora. De nuevo, yo soy mucho y muy fan de todo esto, pero nunca me ha interesado el juego competitivo. Pokémon Stadium todo lo que tú quieras, pero no quería criar, capturar, pensar en naturalezas, movimientos huevo, IVs y EVs. Yo lo que quiero es liarme a hostias con alguien. Pokémon Champions me ha permitido hacer eso y mucho más, y es que he descubierto algo horrible, algo que la comunidad VGC lleva sabiendo desde hace décadas, gritando pero que, aun así, no escuchábamos: Pokémon tiene el mejor sistema de JRPG que jamás haya existido.
Crecemos con el meme aquel de que tus pokémon no conocen un solo movimiento de estado: si no es ‘Lanzallamas’ es ‘Terremoto’. Cada turno que tu rival utiliza ‘Chirrido’ es una oportunidad para hundirle el pecho de gratis. Los ataques que no derriban de un golpe derriban en dos, y la estrategia es tener un bicho con un nivel muy alto y un ataque muy fuerte que golpee al rival donde más duele. Sí, tenemos el Miltank de Blanca y el Altaria de Alana y cómo olvidar el equipo de la campeona Cintia, pero son picos que no hacen sino demostrar lo que digo: que jugamos Pokémon, pero no lo entendemos. El juego no nos obliga a entenderlo, y cuanto más tiempo pasa, más permisivo es, así que menos entendemos. Por eso, quizá, tiene la fama que tiene y a veces se me olvida que sí, es un JRPG, aunque sea uno básico.
Pokémon Champions marca un cambio irreversible. Está orientado al multijugador competitivo, así que la dificultad la marcan jugadores que quieren ganar tanto como tú. Tu rival piensa, conoce el meta. Nadie pierde el tiempo. Convierte el juego de prender fuego a las plantas y electrificar el agua en una partida de ajedrez: una serie de movimientos estratégicos con tantísimas variables, donde cada movimiento pesa tanto, que abruma. Incineroar, considerado el mejor pokémon de todos, lo es no porque sea fuerte, sino porque hace de todo: su habilidad pasiva baja el ataque de los oponentes, es capaz de cortar el paso con ‘Sorpresa’ y luego bajar la capacidad ofensiva con ‘Última palabra’, y encima mete buenas hostias. Incineroar representa Pokémon en su totalidad, que no es sólo un juego de pegar, sino de posicionamiento: es una herramienta que a veces conviene tener al frente para amenazar, pero otras tantas se devuelve a la recámara porque sirve más como un palo en el engranaje del adversario. No pensar en Incineroar es condenarse a la derrota: es casi imposible de derribar de un solo golpe, desatenderlo te expone a hacer que tu equipo golpee con cada vez menos fuerza. Para jugar Pokémon debes sentir, temer, esperar, contrarrestar a Incineroar, tener el tuyo propio, ya sea un Sableye, un Sinischa o, qué cojones, un Incineroar.
Después de soltar semejante perorata vendría bien decir que mi sistema de JRPG favorito hasta la fecha era Final Fantasy X: un sistema centrado no en los números sino en los estados alterados y las funciones de cada personaje. Los enemigos son puzles y debes encontrar la herramienta para desarmarlos, y los jefes finales alteran las reglas de juego para hacer que, por cada golpe, haya una curación, un anticipo, preparar las condiciones para el siguiente turno. Final Fantasy X rechaza el acercamiento frontal; es adaptarte o morir. Da gusto pegar a un monstruo y ver cómo la pantalla se llena de nueves, pero el JRPG es una forma de juego por turnos y, por tanto, se presta a la estrategia. Y qué estrategia hay en pegar fuerte. Pokémon toma el concepto de Final Fantasy X y lo invierte, porque las bases no han cambiado con lo que decía al principio: ambas partes quieren pegarse y, si lo consiguen, se destruirán de inmediato, pero también ambos oponentes cuentan con las herramientas para hacerle la zancadilla a su rival. Es un constante tira y afloja para adaptar el campo a tus necesidades y poder funcionar, pero la tensión nunca se resuelve. Es una guerra de posiciones, y si haces que salga el sol, tu rival traerá un Pelipper para que llueva; lanza ‘Viento afín’ a riesgo de dejar que ese Girafarig establezca un espacio raro. Protégete, pero entonces el próximo turno tu rival sabrá que has bajado la guardia. No existen las respuestas fáciles en Pokémon.
Y no lo sabía.
Quizá ni siquiera tú lo sabías.
En mi análisis de Resident Evil Requiem hablaba sobre cómo la franquicia tendrá que hacer algo a partir de ahora si no quiere volverse predecible. Requiem culmina en guion y mecánicas todo lo que empezó a plantearse con el remake de Resident Evil 2; desde aquí sólo queda seguir haciendo lo mismo de siempre. No puedes tocar techo y conformarte, pero es que Pokémon ha hecho algo peor: ha demostrado de cuantísimo es capaz su sistema de juego, han mostrado su mano y enseñado que tenemos ante nosotros un JRPG infinito, lleno de posibilidades que nos habían ocultado porque piensan que los niños de siete años son imbéciles. Imagina entrar en el paraíso y que luego te lleven a un desierto; jugar a Pokémon Waves o Pokémon Wind con un sistema JRPG por turnos sería traumático, un constante recordatorio de lo lejos que quedan esas peleas de Pokémon Champions. Aquí tenemos un juego riquísimo en posibilidades, con debilidades, fuerzas, naturalezas, climas, terrenos. Es el equivalente a los anime fighter pero con un JRPG, una retahíla de posibilidades que el resto son incapaces de concebir.
No echaré de menos un Pokémon por turnos. Al menos no lo haré mientras exista Pokémon Champions o hasta que Square Enix o Atlus anuncien que están haciendo algo con la franquicia; durante 30 años Pokémon sólo podía ser una cosa, algo tan restringido que, si preguntas a cualquier persona cuál es su juego favorito, seguramente responda que un spin-off. Creo que prefiero jugar a Pokémon Channel antes que volver a, no sé, Pokémon X. Y sí, dudo que la nueva generación sea un triunfo rotundo, porque ni siquiera Beast of Reincarnation parece serlo, pero prefiero dejar a la gente de Game Freak disfrutar con su versión de qué significa Pokémon. Yo estoy bien con Champions.
Comments (5)
Me quito el sombrero. No sabía materializar mis sentimientos con el rumbo que va a tomar Pokemon pero me parecía correctísimo, no puedo más que suscribir cada una de tus palabras, levantarme y aplaudir. Han venido a mi mente tantas y tantas ocasiones jugando a juegos de la franquicia principal en las que pensaba 'vaya, esto es para competitivo, vaya, esto para la aventura no sirve mucho, que pena', como si fueran dos universos que ya no podían convivir porque estaban tomando enfoques distintos. Se han dado cuenta y lo hicieron, espero que tanto Champions como la saga principal vayan con todo en sus respectivos ideales y maneras de afrontar la franquicia.
No se si he cambiado yo o ha cambiado la saga, pero siempre he querido volver a sentirme como me sentí jugando al Pokémon Blanco, como disfruté de la historia y de la dificultad. Siempre he culpado a Game Freak de no poder replicarlo, pero a lo mejor soy yo el que debo adaptarme a los cambios. Es una sensación melancólica, pero después de 3 generaciones sin conseguirlo, supongo que es lo que tiene que ser.
Es la pena de Pokémon, que su fórmula ha ido bajando la barrera a la vez que hace del combate más interesante, de su mundo algo más sólido. Es un callejón sin salida
Mi Pokémon favorito es el Pokémon Conquest, que aunque también es por turnos la forma de jugarlo es completamente distinto. Que exploren nuevos horizontes. Siempre puedes jugar a los juegos antiguos, y la cantidad de hackrooms que hay te da para una vida. Y también hay alternativas a juegos como Pokémon, el Digimon Story: Time Stranger me sorprendió mucho. Lo mejor que podemos tener es variedad de gameplay.
El Conquest es de esos juegos que de vez en cuando recuerdo y me dan muchísima curiosidad. Es una pena, parece un título olvidado...
