Sé que mañana me dolerán las piernas, el cuerpo, y tendré las nalgas llenas de moretes…
¿Pero sabes qué? No me arrepiento ni un segundo. Me cogieron cabrón, delicioso, me hizo sentir completamente suya.
Me pidió que me comportara como su sobrina, un rol que jamás había jugado… pero puta madre cómo me prendió. Me dejó toda caliente desde el primer segundo. Lo permití todo: que me escupiera, que me golpeara, que me humillara cuando quisiera. Y claro, no desaprovechó.
Estuve mojada para él todo el tiempo, y no lo digo a la ligera… me chorreaba de ganas. Me hizo correrme varias veces, como nunca. Lo dejé jugar con mi culo, ese que tanto le fascina. Me lo quería meter ahí porque me soltó un: “qué dilatado lo tenías”. No lo dejé metérmela, pero sí que jugara con sus dedos, acariciando mi entrada, haciéndome temblar.
Me mama cómo me coge ese cabrón, con hambre, con ganas de destruirme. Sentirlo clavarse fuerte, duro, como si quisiera quedarse adentro para siempre. Lo dejé que se viniera dentro de mí, y ver su cara… toda sudada, acelerada, feliz de reventarme la concha como tanto deseaba… fue un puto espectáculo.
Yo lo sabía: él quería esto desde hace tiempo. Lo leí en sus ojos, en cómo me miraba mientras me daba verga, en cómo me agarraba de las caderas con fuerza como diciendo “eres mía”. Y pues, ¿quién soy yo para negarle algo así?
Porque la verdad… a mí también me vuelve loca ser su puta, su juguete, su fantasía más sucia. Y si mañana despierto adolorida, llena de marcas y con sus fluidos en mi interior… será recordatorio perfecto de lo rico que me destrozó 🫦
